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Transformación del Luchador Social

Transformación del Luchador Social
Por Tito LOYA H. / #Vértigos
* Deshonrosa calificación nacional.
* De la cercanía popular a las cortinas de humo.
* La comodidad de la burbuja. *Amnesias selectivas.
* Lecturas de transformación
El ascenso de un luchador social —forjado en la caldera del magisterio disidente sudcaliforniano y curtido en las batallas históricas entre «curdos y charros»— encendió en su momento una luz de esperanza. Demostró que las estructuras institucionales no eran invencibles en las urnas y fijó un hito en las demandas ciudadanas. Sin embargo, tras cinco años, la expectativa se ha diluido en una amarga desilusión: el mandatario logró una marca inédita para Baja California Sur al posicionarse en el primer lugar nacional en evaluación negativa.

En esta época donde «el golpe aVISA» y el que entendió, entendió, los tiempos sucesorios galopan en una espiral acelerada. Mientras Palacio de Cantera se convierte en un catalizador de alianzas y rupturas difíciles de contener, las «Mañaneras» de los miércoles se perciben más como un escaparate para lisonjear egos que como un ejercicio de rendición de cuentas. Aquel dirigente que solía secarse el sudor con un emblemático paliacate para identificarse con las causas populares, hoy gestiona su distanciamiento desde la cima del descontento ciudadano.

Resulta paradójico observar cómo el antiguo defensor de las causas sociales terminó adoptando las formas del político que tanto criticó. Los chascarrillos que en el pasado arrancaban sonrisas orgánicas, hoy solo encuentran aplausos dentro de la pequeña burbuja que administra su círculo más cercano. A la par, el tono conciliador cede con frecuencia frente a arranques de molestia en los actos públicos, desde donde se reconviene a quienes no se alinean del todo con su visión de gobierno.

Uno de los rasgos más desconcertantes de esta etapa es la inclinación a declarar desconocimiento ante problemáticas complejas que laceran a la comunidad. La postura contrasta con su etapa de activista, cuando la exigencia central hacia las autoridades era asumir responsabilidades directas y no eludir las demandas del electorado.

En el panorama actual, la llamada «capacidad de unificación» parece depender más de la efectividad de las cortinas de humo y del sacrificio estratégico de colaboradores que del cumplimiento de metas gubernamentales o la protección del patrimonio público.
Recuerda: las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra.
Hasta la próxima.

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