Legado Maldito
Por Tito Loya H. / #Vértigos
- Psicoterapia colectiva de Chametla.
- El mausoleo de la caja registradora.
- Pedagogía del despojo amoroso.
- La bendita geometría del tributo.
Debe ser un fascinante juego psicótico, de esos que suelen fraguarse con rigor clínico en el hospital psiquiátrico de Chametla. Nada en esta arquitectura del poder se gesta al azar ni «sin querer queriendo», mucho menos cuando el altavoz oficial repite hasta el paroxismo el dogma rector: «Con el Pueblo Todo, sin el Pueblo Nada». La devoción por el ciudadano es tan desbordante que la obra cumbre y más visible de esta administración no es un hospital de vanguardia ni un polo tecnológico, sino un majestuoso templo tributario. Ubicado estratégicamente en la intersección de Colosio y Carabineros, este recinto fue concebido con el único y noble propósito de aliviar al pueblo de la pesada carga de sus propios recursos mediante la eficiente recaudación del diezmo republicano.
Para nadie es un secreto la elegante opacidad con la que se administran los dineros públicos. La Auditoría Superior de la Federación ha emitido un cúmulo de observaciones que, según estimaciones sumamente conservadoras, superan holgadamente los 5 mil millones de pesos. Sin embargo, en un despliegue de profunda fe institucional, se nos invita a asumir que todo está plenamente aclarado, aun cuando en la realidad concreta la subsanación de los folios brille por su ausencia. A fin de cuentas, fiscalizar a quien ama al pueblo roza en la ingratitud.
Debe resultar complejo procesar la metamorfosis ideológica de quienes hoy despachan en la cúpula. Aquellos entusiastas del caldero magisterial disidente —que en sus años mozos vociferaban contra los excesos del poder— lograron romper todos los pronósticos sociológicos: hoy ostentan, con impecable mérito propio, la calificación ciudadana más negativa de todo el país. Superaron con creces los vicios que juraron extirpar, convirtiendo la protesta de ayer en la soberbia de hoy.
Si algo define el paso de los ejecutivos estatales por el Palacio de Cantera es la huella indeleble que heredan a la historia. La presente gestión ya tiene asegurado su nicho: un legado maldito cuyo único monumento perdurable no es el bienestar social, sino una imponente y voraz caja registradora. En fin.
Recuerda, las palabras mueven y el ejemplo arrastra *** Hasta la próxima.


