Herencia del Choque y el Invierno que Viene
Por: Tito Loya H. | #Vértigos
- Metamorfosis del Disidente.
- Vocería del Miedo y el Arte del «Petate de Muerto».
- Tributos al Coloso y el Sueño del «Pasaporte Americano».
- ¿Destierro o Extradición? La Geometría del Miedo.
En el ecosistema político sudcaliforniano, la máxima de «tiempos y formas» parece haber sido sustituida por una improvisación temeraria. Para nadie es un secreto que el grupo en el poder estatal —encabezado por el profesor Víctor Castro— cimentó su identidad en la disidencia y la cultura del choque. Fue esa «Lucha» (con mayúscula de nostalgia) la que les permitió capitalizar las coyunturas necesarias para incrustarse en el movimiento de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, en el ocaso del caudillismo, se encuentran atrapados en una ola que no saben surfear: el vendaval de Rocha Moya, un lastre que hoy utilizan los vecinos del norte como moneda de presión frente a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que en este momento está detenido con una moneda al aire.
Mientras tanto, la estrategia de comunicación —si es que se le puede llamar así— bajo la tutela del profesor Omar, se limita al desgaste de las relaciones institucionales. Sus amenazas de recortes presupuestales en el rubro de difusión ya no son más que un «petate de muerto» que no asusta ni al más incauto. Lo que realmente se acumula es el hartazgo; la narrativa oficial es tan frágil que ha comenzado a alimentar los sueños de emancipación de quienes, antes aliados, hoy prefieren apostar por el adversario que hundirse en el barco del compadrazgo.
A nivel nacional, los ajustes en la estructura de MORENA son el síntoma inequívoco de un proyecto que requiere cirugía mayor. El «pueblo bueno y sabio» ha comenzado a notar que la retórica no llena el plato, y los embates de una economía en decremento están transformando la fe en reclamo.
Para colmo, la presión del Coloso del Norte se ha vuelto una realidad inefable. Por más que se intente negar en el discurso mañanero, los avances de Washington son notorios y los tributos exigidos laceran un proyecto nacional del cual el grupo de «jubilados» locales se colgó para asaltar el Palacio de Cantera.
Hoy, la Ruta Colosio es la menor de las preocupaciones. La verdadera incógnita en los pasillos del poder no es quién calienta el asiento para el próximo turno, sino quién será el primer sacrificado en la mesa de seguridad trasatlántica. La pregunta es morbosa y urgente: ¿quién tendrá el privilegio de acompañar —o seguir— los pasos de Rocha Moya hacia el otro lado de la frontera, con o sin visa? 
Esto no es un juego de aprendices; es política de altos vuelos en zona de turbulencia. Y hasta ahora, el grupo local no ha dado muestras de tener el fuselaje necesario para resistir el viento gélido que sopla desde el norte, en fin.
Recuerda, las palabras mueven y el ejemplo arrastra *** Hasta la próxima.



