Evangelio del Despeñadero: Manual para un Suicidio Político
Por Tito LOYA H. #Vértigos
• La Liturgia del suicidio: Manual para un cadáver exquisito.
• El podio de la ignominia: Enterrar un escándalo con otro cadáver.
• Vientos de mudanza en las arenas movedizas.
• Banquete de Judas: Crucificar al aliado para ganar un respiro.
Pareciera que la cúpula del “Puchismo” ha tomado el manual de supervivencia política y lo está leyendo al revés, con el esmero de quien desea, fervientemente, convertirse en su propio cadáver. Bajo la tutela de una vocería jubilada —experta en el arte de la invisibilidad frente a la prensa seria— han logrado algo extraordinario: elevar su narrativa interna a la categoría de religión. El problema de los dogmas es que suelen romperse cuando se estrellan contra esa terca realidad que les recuerda, una y otra vez, que el “pueblo bueno” no es un cheque en blanco, ni ellos están por encima de la gravedad.
La estrategia de comunicación de esta administración estatal ha alcanzado niveles de un cinismo casi artístico: tapar un incendio arrojando un cadáver más grande encima. Es una escalada de escándalos donde el nuevo horror sepulta al anterior, una huida hacia adelante que ya tiene un veredicto claro. Por más que se empeñen en negar los datos, las encuestas son el espejo que les devuelve el reflejo más amargo: hoy por hoy, encabezan el podio de la peor administración estatal del país.
Hay señales en el ambiente que sugieren que el “Queteco” no solo mudará de domicilio en la Ruta Colosio; los indicios son cada vez más consistentes y huelen a un retiro forzoso. La llegada de Ricardo Monreal Ávila al noroeste para coordinar la defensa de la transformación es el primer golpe de realidad. No es el mensaje que el Puchismo esperaba; es, más bien, el sonido de la arena movediza tragándose las botas de quienes ellos mismos trajeron a la palestra local.
Resulta fascinante, con un toque perturbador, observar cómo la Ruta Colosio se ha transformado en una suerte de peregrinación de culto. Ahí, con las manos manchadas de lo que tanto juraron combatir, practican con devoción los vicios que ayer denunciaban. La simulación de los que les precedieron parece un juego de niños frente al legado que el Puchismo está construyendo. En su afán por cubrirse las espaldas antes del naufragio, han pasado de la lealtad a la inmolación: ahora crucifican a sus propios aliados solo para ganar unos minutos de aire, o para sacar de la jugada a cualquiera que ose no disciplinarse.
Al final, en la política como en la física, lo que se construye sobre lodo termina por reclamar su lugar en el fondo. Solo queda ver quiénes se quedan para el último acto de esta tragicomedia, en fin.
Recuerda, las palabras mueven y el ejemplo arrastra *** hasta la próxima.



