Cientos de especies de aves y cientos de miles de ejemplares hibernan en ecosistemas de México. Marismas Nacionales, Corredor Biológico de Tehuantepec y Laguna Madre y Delta del Río Bravo dan abrigo a canoras, rapaces y acuáticas.
Las aves migratorias merecen gozar de libre tránsito sin ser importunadas, más aún cuando le aportan al mundo una serie de beneficios: presencia estética, repertorio infinito de trinos, regulación de insectos y artrópodos –fundamental para los ecosistemas–, polinización y dispersión de semillas. Además, aportan fertilizantes, son indicadores de la salud de los ecosistemas, y todas, en su viaje, hacen conexiones culturales y continentales.
No obstante, aunque los ciclos de vida de las aves responden a la selección natural, con frecuencia se acortan por el saqueo ilegal, principalmente de las canoras y de ornato, lo que impacta gravemente los ecosistemas y pone a estas especies en distintos rangos de peligro. Otros factores también contribuyen a su pérdida: huracanes, incendios, saqueo ilegal, enfermedades, colisión al impactarse con estructuras urbanas, vehículos y tendidos eléctricos, uso de plaguicidas en la agricultura y metales pesados contenidos en cuerpos de agua donde abrevan.
Sobre la importancia de preservar la fauna alada recorre distintas geografías del mundo y sus hábitats pretende generar conciencia la Organización de las Naciones Unidas, que en 1983 instituyó el 10 de mayo como Día Mundial de las Aves Migratorias y este año propone el lema “Su futuro es nuestro futuro. Un planeta saludable para las aves migratorias y las personas”.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente destaca la imperiosa necesidad de conservar las aves migratorias y llama a emprender una campaña de sensibilización y a participar, junto con personas y organizaciones especializadas, en los festivales sobre aves, programas de educación, exposiciones y observación de aves.
Esta celebración tiene su origen en el Convenio de Bonn (1979), convenio marco que se enfoca a preservar las especies migratorias de animales silvestres, entre ellas todas las aves migratorias, y desarrolla modelos adecuados a las necesidades de la conservación en todo su trayecto, y en el Acuerdo para la Conservación de Aves Acuáticas Migratorias Africanas-Eurasiáticas, que cubre 235 especies de aves ecológicamente dependientes de humedales en al menos parte de su ciclo anual.
Las especies migratorias amenazadas de extinción están listadas en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas e Fauna y Flora Silvestres, y las especies migratorias que necesitan o que serían beneficiadas significativamente por la cooperación internacional están listadas en el Apéndice II de esa Convención.
La ubicación geográfica de México y sus generosos bosques, selvas, humedales y cadenas montañosas atraen, principalmente de octubre a abril, a millones de aves acuáticas, canoras y rapaces, por ser nuestros ecosistemas sitios ideales de descanso, abastecimiento y refugio que propician la movilidad de norte a sur de América y viceversa, según la temporada estacional, pero también convocan a aves procedentes de Europa, y todas, en su viaje, hacen conexiones culturales y continentales.
Ilustran este tránsito las 57 especies de colibríes que existen en nuestro país, de las cuales por lo menos 13 llevan a cabo migraciones de gran escala, y las poblaciones de cinco de ellas abandonan completamente el territorio mexicano parte del año. Una de estas especies recorre más de 4 500 km, y muchas otras especies de estas pequeñas aves realizan migraciones locales o altitudinales.
Los ornitólogos han encontrado que en el invierno austral o septentrional los alimentos escasean para gran variedad de especies de aves, la mayoría insectívoras, mientras en las regiones templadas proliferan no solo los insectos e invertebrados, sino también las flores y los frutos que aseguran a la fauna de pico alimento en abundancia y le permiten reproducirse exitosamente.
Desde el Ártico, cada año migran las aves hacia Sudamérica, Centro América y América del Norte por tres rutas de México: la del Pacífico, la Central y la del Golfo. Y a la inversa, de Groenlandia, Alaska, Canadá, Estados Unidos, e inclusive de Europa y Asia, según cálculos conservadores, México es visitado cada año por más de 300 especies de aves rapaces, canoras y acuáticas.
Otros especialistas indican que sólo a una región de Tamaulipas acuden cerca de 450 especies de aves acuáticas, semiacuáticas y terrestres, cifra que constituye el 15% del total de especies migratorias que llegan a México provenientes de Canadá y Estados Unidos, lo que da al sitio categoría mundial reconocida como Área de Importancia para la Conservación de las Aves del Delta del Río Bravo, la Laguna Madre y la Desembocadura del Río Soto La Marina: 572 mil 808 hectáreas de ecosistema hipersalino declaradas Área Natural Protegida en 2005.
Además, los distintos corredores biológicos del territorio nacional constituyen pasos migratorios para las “embajadoras de la biodiversidad”. Uno de ellos, el Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, favorece con sus vientos el vuelo de las aves durante días completos.
Los manglares y lagunas costeras de Marismas Nacionales, en las costas de Nayarit y Sinaloa, constituyen otro sitio idóneo para las aves migratorias. Ahí se reproducen y crecen decenas de miles de organismos de 200 especies neotropicales, la mayoría canoras como los chipes, zorzales, tángaras y vireos; playeras como los chorlos y chorlitos, avocetas, ostreros y golondrinas; rapaces como los gavilanes, cernícalos y halcones, y acuáticas como los pelícanos, grullas, patos cercetas, gansos, ibis y garzas.
Los ornitólogos calculan que solo de avoceta americana llegan a las Marismas Nacionales 60 mil individuos procedentes de Estados Unidos y de algunas partes de Canadá, así como más de 10 mil 500 de pelícanos blancos que migran desde el occidente de las Rocallosas.
Los países signatarios de la Convención de Bonn se han comprometido a esforzarse en la protección estricta de las aves migratorias, conservando y restaurando los lugares donde viven, mitigando los obstáculos a la migración y controlando los demás factores que puedan ponerlas en peligro, así como promover acciones concertadas en los ámbitos estatales de muchas de estas especies.



