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Confusión o Negligencia

Confusión o Negligencia

Por Tito LOYA H. #Vértigos

• La purga que viene.

• Política real.

• Amistad o asociación.

• Ocaso del movimiento.

Tanto va el cántaro al agua hasta que, por dinámicas propias de la física y la política, se rompe. El pasado tiene la incómoda costumbre de alcanzar a los actores públicos justo cuando estos consideran que han transitado hacia la postergación institucional. La reciente detención en Arizona del exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, el General retirado Gerardo Mérida Sánchez, es el ejemplo más nítido. Desde el pasado 11 de mayo, el militar en retiro se encuentra bajo la rigurosa hospitalidad de las autoridades estadounidenses, donde un juez de Arizona ya ha ordenado su traslado al Distrito Sur de Brooklyn, Nueva York; un escenario de sobra conocido por la memoria política de nuestro país.

En la alta política no existen las coincidencias biológicas ni los arrestos fortuitos. La captura de Mérida Sánchez cobra especial relevancia al confirmarse que su nombre figura de manera prominente en una selecta lista de diez perfiles sinaloenses prioritarios para la justicia norteamericana. Resulta fascinante observar cómo la estructura de la llamada Cuarta Transformación, en un encomiable ejercicio de solidaridad y patriotismo defensivo, ha cerrado filas para descalificar el proceso bajo los argumentos de la insuficiencia probatoria y la siempre oportuna defensa de la soberanía nacional.

Sin embargo, el ritmo de los acontecimientos en el plano internacional suele ser ajeno a los tiempos de la retórica nacionalista. Mientras redacto estas líneas, la realidad se impone con un cable informativo contundente: «Cayó el segundo: se entrega en EE. UU. el exsecretario de Finanzas de Sinaloa, Enrique Díaz de la Vega». Este acontecimiento ocurre apenas a unas horas de que se hiciera pública la custodia de Mérida Sánchez. Ambos forman parte de ese selecto grupo de diez personajes sinaloenses —donde se incluye al gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya— formalmente señalados por la justicia estadounidense por presuntos e incómodos vínculos con la facción de Los Chapitos.

El fin de un ciclo político parece inminente, aunque en la plaza local algunos persistan en la negación táctica que ofrece el «Movimiento». Es inevitable recordar aquella célebre máxima que definió la narrativa institucional durante el sexenio del exgobernador Narciso Agúndez Montaño: «Aquí no pasa nada, y cuando pasa, no pasa nada». Aquella fe ciega en la inercia del poder pavimentó el camino para las imposiciones y, eventualmente, para que más de uno tuviera que cambiar de domicilio hacia la conocida infraestructura del Centro de Reinserción Social en la Ruta Colosio.

Bajo una concepción idealista, el servicio público debería entenderse como la manifestación más pura de la búsqueda del bien común. No obstante, en la praxis contemporánea, parece haberse reconvertido en un espacio para sobrevalorar los lazos de amistad y la lealtad ciega a una causa partidista. Así lo evidenció de manera casi conmovedora el gobernador Víctor Castro Cosío —el «Profe Víctor»— al expresar su consternación y solidaridad pública por su homólogo, el también profesor Rubén Rocha Moya, bajo la aparente premisa de que el largo brazo de la justicia del Coloso del Norte se detendría ante la investidura o la ideología.

Por lo pronto, la contabilidad es fría: van dos de diez. La mazorca política ha comenzado su proceso de desgrane natural ante la gravedad de las cortes de Nueva York. Mientras tanto, en el feudo local, algunos cuadros todavía simulan la fortaleza necesaria para resistir el vendaval meteorológico y judicial que se avecina, en fin.

Recuerda, las palabras mueven y el ejemplo arrastra *** Hasta la próxima.

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