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A Tiempo o Tarde

A Tiempo o Tarde

Por Tito Loya H. #Vertigos

  • El nuevo faro del poder.
  • El guion de los miércoles.
  • Flores sin aroma (con excelente diseño).
  • El mercado de la queja.

El reloj y la brújula alguna vez sirvieron para dar rumbo y consistencia a las grandes aventuras. Hoy, en la era de la inmediatez, parecen haber sido reemplazados por el arte del trascendido y la queja estratégica. En el escenario actual, cada recomendación o lamento suele venir envuelto en una fina maquinaria diseñada para beneficiar a unos y tropezar a otros.

En la cúpula estatal el misterio se ha disipado: Manuel Cota Cárdenas ya ostenta el título de coordinador estatal. Sin embargo, los reacomodos no cesan. En los pasillos del poder, la desconfianza es tal que algunos dudan hasta de su propia sombra, mientras otros se abrazan con devoción a sus virtudes… o a sus más grandes errores.

Si la agenda no sufre una «oportuna» supresión, este miércoles el gobernador Víctor Castro Cosío tomará el micrófono en su ya tradicional Mañanera del Pueblo. El pronóstico es tan reservado como predecible: con admirable destreza retórica, es muy probable que abunden las notas adversas y las culpas recaigan en actores ajenos al presupuesto estatal. Todo sea por mantener intacta la tranquilidad (y la nómina) de los consentidos del «Profe».

Del otro lado del espectro, el panorama no es menos curioso. Los aspirantes a coordinar los esfuerzos de la oposición (PRI, PAN y MC) deambulan por la escena pública con el ímpetu de una «flor sin aroma», parafraseando la sabia descripción política del icónico Señor Ramírez de Loreto.

Figuras como el diputado Pancho Pelayo Covarrubias o la senadora Susana Zatarain se limitan a repartir recomendaciones y sumarse al coro de los señalamientos. Eso sí, al César lo que es del César: su diseño de marca y la producción de sus materiales de comunicación son impecables. Lástima que la estética no siempre cubra la falta de propuesta.

Al final del día, la regla no escrita se confirma: quienes más se quejan suelen ser los que van más rezagados en la carrera. La política es un oficio de altura, y exige mucho más que dejar a un encargado administrando los medios bajo la simple «ley de la oferta y la demanda», como parece dictar la costumbre estatal. A fin de cuentas, para gobernar (y para ser oposición) hace falta recuperar la brújula, o ya será demasiado tarde, en fin

Recuerda, las palabras mueven y el ejemplo arrastra *** Hasta la próxima.

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