Popote… ¿más plástico que peces en el mar?

Polímero ligero que viaja desde el confort de una butaca al estómago de tortugas, mamíferos marinos y peces, entre otros organismos
El ingenio y la natural búsqueda de confort generan muchas veces necesidades ficticias que se incorporan a nuevos estilos de vida; sin embargo, algunos pueden causar estragos ambientales de incalculables dimensiones.

Los popotes de plástico, pequeños y livianos tubos que en su inicio resolvieron la “necesidad” de sorber algún líquido mientras se observaba una justa deportiva, hoy amenazan los ecosistemas costeros y marinos, razón por la cual el 23 de febrero de 2017 el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) lanzó la campaña #MaresLimpios, en Bali, Indonesia.

El organismo internacional, que también trabaja a través del Programa de los Mares Regionales para fortalecer la protección marina en todo el mundo, aboga por prevenir un daño irreversible a esos ecosistemas y pide que los gobiernos establezcan políticas para reducir el uso de los popotes, entre muchos otros plásticos, que la industria disminuya el embalaje plástico y rediseñe sus productos, y que los ciudadanos cambien sus hábitos de consumo y desecho.

Sumerios, egipcios y babilonios los usaban de otros materiales

El popote (de popotl, paja en voz náhuatl) alude al tallo de las plantas que crecían desde la época precolombina alrededor de la Gran Tenochtitlán, materia prima para fabricar escobas y artesanías, pero que como utensilio para pasar un líquido de un recipiente a la boca era conocido también por otras culturas milenarias como pajita, absorbente, carrizo, sorbete, calimete, cañita o pitillo.

Los sumerios habrían sido los primeros en utilizarlos para succionar bebidas; testimonios egipcios muestran el uso de la caña como instrumento para ingerir cerveza, y de los babilonios han trascendido evidencias de que los elaboraban en oro para uso de la realeza. Poco a poco su empleo se extendió por el mundo para evitar la propagación de enfermedades por falta de higiene en los utensilios.

Al estadounidense Marvin Stone se le ocurrió trasladar el modelo aplicado al tabaco para fabricar cigarrillos, a la elaboración de popotes para ingerir whisky. Lo hizo primero con tiras de papel enrolladas en espiral y cubiertas de parafina, invento que patentó en 1888 y distribuyó en bares y restaurantes. En 1940 inició su fabricación en un material resistente que mantenía el sabor original de las bebidas: el plástico.

En la actualidad, los popotes se inscriben entre los objetos más populares para consumir bebidas, frías o calientes. Los hay de polipropileno y de polietileno; de forma recta, de periscopio para darle dirección al líquido, corrugado en la parte alta para poder doblarlo, y en espiral; pequeño si va integrado al recipiente, o como agitador para bebidas calientes.

Los productos plásticos generan el 90% de la basura oceánica del planeta

Así de dúctil y versátil es el plástico convertido en popote cuya presencia en todos los ámbitos ha puesto en jaque a los ecosistemas. La vida silvestre, principalmente la marina, recibe en litorales y fondo submarino raudales de popotes. En las profundidades la degradación es sumamente lenta al no recibir la radiación UV que participa en ese proceso junto con el oxígeno y el oleaje.

En este contexto, el popote se volvió emblemático por el uso efímero que se le da, de 15 minutos a dos horas promedio, según la bebida que se consuma, y el lugar –casa, cine, bar o deportivo–, frente a su tardanza en degradarse: más de cien años.

El PNUMA refiere que en los últimos 50 años se multiplicó 20 veces la producción mundial de plásticos, cerca de 320 millones de toneladas en ese lapso, de las cuales 8 millones llegaron a mares y océanos y se hundieron, flotan o quedaron estacionados en las playas.

La campaña #MaresLimpios se orienta a lograr al 2022 la eliminación de los productos plásticos que generan el 90 por ciento de la basura oceánica del planeta: las microperlas utilizadas en productos cosméticos y el uso excesivo de plásticos de un solo uso, como el popote.

Resistentes y de fácil dispersión, los plásticos bogan de polo a polo en todos los océanos del mundo, donde las corrientes marinas han formado cinco áreas de gran concentración de microplásticos, conocidas como islas o sopas de plástico en las zonas subtropicales de los océanos Índico, Atlántico y Pacífico, donde el mayor volumen de polímeros lo constituyen popotes, mientras en las regiones costeras densamente pobladas, pesqueras o turísticas predominan los macroplásticos.

La Conferencia sobre los Océanos 2017 expuso que los océanos contienen 18 mil fragmentos de plástico por Km2, por lo cual anualmente perece un millón de aves, cerca de 100 mil mamíferos marinos de 600 especies, además de tortugas marinas.

En su estudio La economía del plástico (The New Plastics Economy: Rethinking the future of plastics provides), publicado en 2016 por la Fundación Ellen MacArthur, el Foro Económico Mundial advirtió que de continuar con el uso de popotes y otros materiales de plástico, en 2050 habrá más plástico que peces en el mar.

Sostuvo que la industria del plástico representa el 6 por ciento del consumo mundial de petróleo y el 1 por ciento de las emisiones de CO2 a la atmósfera, y pronostica un alza del 15 por ciento de este último hacia el año 2050.

Alternativas para producir popotes compostables, no transgénicos y 100% libres de plástico

En Estados Unidos se impulsa una campaña para eliminar los popotes plásticos en todo el mundo, y en México algunos legisladores han propuesto prohibirlos. Una cadena de restaurantes en nuestro país también se adhirió a estas recomendaciones y ha quitado los popotes de sus bebidas.

Hace pocos años, un niño de nueve años, Milo Crees, impulsó en Estados Unidos, el movimiento Straw Free. Pidió a los restauranteros preguntar a sus comensales si querían usar popote, no darlo en automático, y logró así reducir la generación de esa basura. Su iniciativa encontró eco entre las autoridades de Vermont y escaló hasta las nacionales.

En Gran Bretaña, Jamie Poulton, propietario del restaurante Randall & Aubin tuvo enorme éxito en su campaña permanente Straw Wars, para llamar a restauranteros, baristas y hoteleros a dejar totalmente de ofrecer popotes, y entregar uno biodegradable a quienes lo pidiesen.

En México el restaurante “Hijos del Maíz” inició en 2015 el movimiento antipopotes al que se sumaron ya “Cien 28”, “Alodé”, “Quintonil”, “Grupo Danzantes” y “Expendio La Tradición”, entre otros en las ciudades de México y Oaxaca, y también la cadena “Tok’s” sirve sus bebidas sin popotes de plástico desde del primero de abril de 2017.

Han surgido asimismo proyectos alternativos para producir popotes compostables, no transgénicos y 100 por ciento libres de plástico, elaborados a base de mango petacón, de semilla de aguacate (resistentes a temperaturas altas y bajas), algas marinas, celulosa con cubierta de resinas naturales, e incluso comestibles, con sabor a mango, chocolate y caramelo, entre otros, y mejor aún, certificados por su proceso de biodegradación de 15 días bajo composta.

En los últimos años se han impulsado varias iniciativas en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal para prohibir en la Ciudad de México tanto el uso de popotes como de contenedores de poliestireno, o unicel, ante su severo impacto en los ecosistemas y su difícil reciclaje.

El pasado 17 de abril, el Pleno de la Cámara de Diputados aprobó con 245 votos en favor y 70 abstenciones la adición de la Fracción VIII al Artículo 35 de la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos para disminuir el uso de popotes de plástico, pero sin prohibirlos.

El documento se turnó al Senado para su eventual aprobación, ya que, por ser difíciles de recolectar y degradar, aumentan el riesgo de generar contaminación, por lo cual propone disminuir el consumo de popotes mediante acciones que promuevan los establecimientos de alimentos y bebidas, salvo si el usuario decide usarlos.

A todos nos corresponde entender que el efímero uso de los popotes de plástico amaga la vida silvestre y los ecosistemas, y que racionalmente podemos asumir nuestra responsabilidad y prescindir de estos polímeros, a menos que se padezca un problema de motricidad o movilidad.

Jan Zalasiewicz coautor del estudio ‘El ciclo geológico de los plásticos y su uso como indicador estratigráfico del Antropoceno’, publicado en Anthropocene, advierte que desde mediados del siglo XX los seres humanos hemos producido tanto plástico que todo el planeta podría cubrirse con una capa de esos materiales, y que lanzamos anualmente al medio ambiente casi mil millones de toneladas de plásticos, lo que tiene un impacto duradero en la geología del planeta al ser inertes y de difícil degradación, por lo que estos serán los estratos terrestres en el futuro de la “Era del Plástico”.

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